Crónica fotográfica desde las entrañas del lodo
Yashica Samurai. Kodak Gold 200.
Aunque el 29 de octubre ha sido etiquetado sucesivamente como riada, inundación o gota fría, su recuerdo se ha consolidado bajo el término DANA. Este articulo aborda el impacto devastador en la provincia, destacando que el epicentro del suceso se localizó fuera de los límites de Valencia capital, cuyo corazón no dejaría de bombear en forma de ayuda.
Fuimos al lugar afectado apenas 15 horas después de la catástrofe. El paisaje visto era tan desolador, que si tuviera que describirlo en este artículo, sería un libro sin fin. Me gustaría hablar en estas líneas sobre mi experiencia personal, donde pude ver con mis propios ojos el lado bueno y el lado malo de las personas, dando solo datos técnicos necesarios y sin mencionar responsabilidades para no generar ningún debate innecesario. Por último, me gustaría añadir alguna foto realizada con el teléfono móvil para mostrar con más detalle mi experiencia.
Yashica Samurai. Kodak Gold 200.
Al día siguiente, fuimos al negocio de mi pareja, un pequeño despacho de apenas 20 m2 en el cual, unos días antes habíamos colocado el ultimo mueble que daba por terminado la decoración, en Catarroja, situado a unos 8 kilómetros de nuestra vivienda. En aquel entonces, nos quedaba lejos para ir a pie, ya que el corte de carreteras y la poca información que teníamos, nos generó dudas sobre cómo llegar al lugar debido a la escasa cobertura o nula que había en el municipio y alrededores, por no hablar de las red de datos…
Eran las 15 h de la tarde y había dejado de llover hacía rato. Con lo puesto y una mochila, nos dirigimos hacia allí con unas bicicletas como único medio de transporte, las cuales dejaríamos allí por lo impracticable que estaba el terreno para volver el mismo día. En ese momento, fuimos unos curiosos que solo querían saber cómo se encontraría el local. Con la crudeza de lo que encontramos por el camino y la impotencia de ver que la ayuda parecía escasa, tomamos la decisión de ir como voluntarios a Catarroja los días posteriores, aportando nuestro granito de arena.
Yashica Samurai. Kodak Gold 200.
El 31 de octubre se empezaron a organizar los primeros grupos de ayuda, a pesar de la escasez de material de trabajo como guantes, palas y botas. Conseguimos lo necesario para cumplir la misión de ayudar en lo que pudiéramos, no a intentar a reconstruir el despacho. Eso sería otra historia.
Llegados a este punto, comenzaré diciendo que el carrete me duró lo mismo que la ayuda que llegaba hasta Massanasa. ¿Por qué digo esto? Es muy fácil, las enormes colas de voluntarios hacían que el paso no circulara con fluidez, las sendas se improvisaban y la maquinaria pesada, tanto de obra pública como de agricultores, muchas veces requería de paradas para hacer sus tareas con seguridad, la presencia del ejército u otras fuerzas de seguridad del estado era escasa. Toda esta situación creaba fatiga y mucha gente se quedaba al principio del camino y esto hacia que se creara más cuello de botella para el paso de la ayuda, sin olvidar que el peso del barro acumulado en las botas y las zancadas cortas aumentaban esta fatiga. Tengo que añadir un pequeño dato geográfico para poneros en contexto: la pedanía de La Torre, Benetússer, Alfafar y Massanasa están unidas por una avenida que va cambiando de nombre conforme avanzas y cambias de municipio (Avenida Real de Madrid, Av. Camí Nou , Av Torrente y Calle de Blasco Ibáñez). La otra alternativa era la CV400, una carretera que nos obligaba a dar más vuelta y que de momento estaba impracticable para ir en bicicleta por el flujo de vehículos pesados. Más adelante la señalizaron y como no existían normas, elegimos esa vía y la bicicleta seria nuestro medio de transporte los días posteriores.
Yashica Samurai. Kodak Gold 200.
La Dana en Half-Frame
Elegí llevarme una Yashica Samurai como cámara de “Reportero de guerra”, no por su estética, si no por su inmediatez, fácil de limpiar y la promesa de sacar muchas fotos. El recorrido hasta nuestro destino era largo y no era momento de sacar una foto bonita ya que debido a las circunstancias, mi cometido era llegar hasta el despacho y cumplir con nuestro propósito
Nos presentamos en lo que se bautizaría días después como “Puente de los voluntarios”, un puente peatonal que une Valencia con la pedanía de La Torre por encima del nuevo cauce del río Turia, decorado con unos bancos y una especie de pérgola de diseño ideada como mirador para dus vistas al atardecer, las cuales se verían pausadas a partir de ese momento. Esta sería la vía principal de acceso para hacer llegar la ayuda a los municipios afectados.
Yashica Samurai. Kodak Gold 200.
El primer día, un agente de policía controlaba el paso, y con solo decirle donde íbamos y a qué nos dejaba pasar. Ahora ya no haba nadie, mientas cruzábamos el puente podíamos observar que la enorme cantidad de agua que descendía del río el primer día había mermado hasta el punto en el que se dejaban ver los primeros cañizos y marañas de basura acumuladas en el fondo del río. Por videos enviados en redes, sabíamos que la primera noche estaba a punto de desbordarse, la autovía que circula al lado del río que había estado repleta de coches en un estado lamentable, palets de calabazas y cantidades descomunales de basura… Todo esto ya lo habían retirado o hecho a un lado para abrir el paso a la ayuda y para permitir el paso de mercancías a los muelles del puerto de Valencia.
Al cruzar el puente, el acceso a La Torre revelaba la magnitud del desastre. La mayoría de sus vecinos, de etnia gitana, se afanaban en rescatar lo poco de valor que quedaba en el interior de sus vehículos, sobre todo furgonetas.
Yashica Samurai. Kodak Gold 200.
Caminando hacia la plaza principal, donde se ubica la iglesia, ya se concentraba gente (un punto que más tarde se convertiría en centro de ayuda esencial). Estaban preparados con guantes, botas o, en su defecto, con bolsas de plástico protegiendo precariamente el calzado, armados con palas, cepillos y azadas. Más tarde, se popularizarían los haraganes, una herramienta de palo con una goma en forma de 'T' que demostró una efectividad rotunda contra el barro. Con el tiempo, y debido a la toxicidad del sedimento, el atuendo incorporó la mascarilla, una protagonista ya conocida por el COVID. Algunos más cautos optaron por EPIS completos.
Al avanzar por la avenida, el daño en los negocios era evidente. Las persianas reventadas y arrancadas de sus marcos mostraban cómo la violencia del agua y el barro había arrasado con todo. Los propietarios apilaban en la calle su mobiliario mezclado con el fango, ordenadores que ya eran chatarra inservible y género totalmente dañado.
Yashica Samurai. Kodak Gold 200.
Todo el camino era un gran escenario donde se repetía la misma escena de destrucción. Había coches incrustados en lugares imposibles que, alverlos, provocaban siempre la misma pregunta: ¿Cómo ha llegado un coche hasta aquí?
Al ver trabajar a la maquinaria pesada se contemplaba como el agua no hizo distinciones; su furia pasó por alto marcas, modelos y ocupantes. Todos corrían la misma suerte.
Yashica Samurai. Kodak Gold 200.
Pero entre la desolación, un motor de ayuda incansable rompía el paisaje: los jóvenes. Esa generación, a menudo tildada de cristal por su supuesta fragilidad, se había convertido en la generación de hierro. Llegaban con palas, botas y un desconocimiento absoluto de las jerarquías, dispuestos asacar barro sin descanso. Eran estudiantes, trabajadores recién llegados, que demostraban que su resiliencia se medía en kilos de fango removido, no en etiquetas. Su presencia, espontánea y masiva, fue el primer y más potente signo de que el pueblo no se levantaría solo.
Yashica Samurai. Kodak Gold 200.
En algunas calles se habían apilado los coches formando montañas de metal, los camiones parecía que habían tenido más suerte. El mobiliario urbano estaba segado del suelo, ya no formaba parte de la composición en la que nos acostumbrábamos a ver, un buzón de correos arrancado encima de una acera o un puesto de la Once desplazado en medio de la calle. Llegaba un punto en el cual viendo cada escena, sacabas tus propias conclusiones, como por ejemplo, que los conjuntos de sillas de terraza debajo de un coche significaban que el bar estaba cerrado, o que los coches en las gasolinera habían sido desplazados ahí con la esperanza de que no les ocurriera nada… Y lo que mas choca de todo es el camión cisterna que, por el peso, se mantuvo firme durante todo el suceso.
Nikkormat FT. Ilford HP5+.
Finales de noviembre de 2024. Atrás habían quedado los días de recogida de barro, la limpieza de viviendas y la retirada de vehículos y enseres enfangados de las casas. Aún se amontonaban restos encima de las aceras y vehículos pseudo saqueados en los márgenes de las calles. Algunos de ellos, al escucharse que iban a desguace, se convertían en contenedores de barro improvisados, otros que todavía seguían intactos, sus dueños se resistían a enviarlos al desguace colocándoles un cartel de “no mover” o “esperando grúa”. Por mi experiencia de mecánico, mi diagnóstico era claro a la vez de triste: chatarra.
Nikkormat FT. Ilford HP5+.
El Ejército y los Bomberos habían comenzado a tomar el pulso de la situación, imponiendo una jerarquía necesaria sobre el caos. Y a pesar de la ausencia de luz y agua corriente, se mantenía una falsa normalidad.
Aproveché esta tranquilidad para poder darle un enfoque que, tras el día a día que me involucré en ayudar, ansiaba de ganas de fotografiar con más detalle. Esta vez, utilicé una cámara más clásica, una Nikkormat con un 50mm. Había memorizado los lugares que me parecieron más afectados hasta el último adoquín y quería darle el protagonismo en blanco y negro.
Nikkormat FT. Ilford HP5+.
El reparto de alimentos y productos de limpieza continuaba con un goteo incesante, con voluntarios que arrastraban carros de la compra teñidos de tierra; los rodamientos de las ruedas, atascados por el lodo acumulado, chirriaban bajo el peso de la ayuda. Algunos locales, tras ser desescombrados, reabrían sus puertas no para vender, sino para dar servicio de apoyo, mientras baños portátiles se instalaban en las esquinas, necesarios puntos de aseo para la legión de voluntarios.
En los descampados de las afueras, se orquestaba la concentración final de los despojos: los vehículos que antes habían bloqueado las calles eran apilados en inmensos cementerios de chatarra. Ya no había filtros, los mismos terrenos se convertían, poco a poco, en enormes vertederos que se llenaban con los restos arrancados de la zona urbana.
Nikkormat FT. Ilford HP5+.
El destino de las estructuras se iba definiendo: algunas viviendas habían sido ya declaradas en ruina, mientras otras esperaban el diagnóstico que definiría su futuro. En cuanto a los parkings subterráneos, no hacía falta un informe: su futuro, tristemente sellado bajo metros de fango y agua estancada, era ya un destino conocido por muchos.
Durante mi etapa de voluntariado, siempre que me hablaban de responsabilidades, mi respuesta era clara: “Hoy palas y esta noche, antorchas”. Considero que esta clase de argumentos era propio de personas que se preocupaban más de señalar y tener razón que de la necesidad inmediata de la situación en el contexto que estábamos viviendo. Esta es mi opinión final, porque (y lo digo en mi lengua materna) “només el poble salva el poble” (solo el pueblo salva el pueblo).
Mientras escribo estas líneas a fecha de hoy, todavía algunas calles polvorientas continúan la tareas de reconstrucción, y las responsabilidades siguen en un punto incierto, al igual que las ayudas económicas, y por delante, nos espera un futuro por saber toda la verdad.
Nikkormat FT. Ilford HP5+.
Aprendí que la fotografía no siempre busca la belleza, a veces solo intenta que no se olvide lo vivido.
En Catarroja, a 25 de octubre de 2025.
Nikkormat FT. Ilford HP5+.

